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  • Roadtrip por Noruega: la naturaleza que te deja sin aliento

    Roadtrip por Noruega: la naturaleza que te deja sin aliento

    Introducción

    Planear un viaje a Noruega siempre estuvo en mi lista, pero la chispa definitiva surgió gracias a mi afición por los viajes en moto. Viendo a moteros recorrer sus paisajes, especialmente rumbo al mítico Cabo Norte, supe que algún día tenía que vivir esa experiencia. Aunque finalmente nuestro viaje no fue en moto, la esencia del roadtrip quedó intacta: recorrer kilómetros para descubrir que, en Noruega, la carretera es parte del destino.

    La idea original era hacerlo en 2020, pero la pandemia nos obligó a posponerlo hasta 2024. Al organizarlo de nuevo, sabíamos que queríamos un viaje por carretera que nos permitiera conectar con la naturaleza noruega. Consideramos la opción de hacerlo en autocaravana, pero la falta de experiencia y la duda sobre la comodidad nos hizo decantarnos por el clásico combo de coche de alquiler y hoteles. No nos arrepentimos: la flexibilidad y el confort fueron perfectos para este primer contacto con el país.

    Noruega no es solo un espectáculo natural, sino también un ejemplo de sociedad avanzada. Con una población de poco más de 5,4 millones de habitantes, es uno de los países con mayor calidad de vida del mundo. Según el Índice de Desarrollo Humano (IDH), Noruega suele ocupar el primer puesto, destacando por su educación, sanidad pública y un sistema de bienestar social envidiable. Su riqueza proviene en gran parte de la gestión de los recursos naturales, especialmente el petróleo y el gas, cuyos beneficios se invierten en el Fondo Soberano Noruego, uno de los más grandes del mundo. Esto permite que su economía sea sólida y que sus ciudadanos disfruten de una seguridad económica y social difícil de encontrar en otros países.

    Y ese civismo se nota en cada detalle. Tras recorrer más de 1500 km, no encontramos ni un solo adelantamiento indebido, ni una actitud incívica en la carretera. Pero no se limita al tráfico: las calles están impecablemente limpias, la gente es increíblemente educada y respetuosa, y el ambiente en general transmite una sensación de orden y armonía. Las carreteras están impecablemente cuidadas, y a pesar de que la mayoría no son autovías, conducir allí es un placer: límites de velocidad estrictos, pero compensados por el placer de atravesar paisajes de postal.

    Noruega es inmensa, así que decidimos centrarnos en el sur. Volamos desde Málaga a Oslo, trazamos un anillo que nos llevó por Flåm, Bergen y Stavanger, y dejamos para futuros viajes lugares como las islas Lofoten o el norte, donde esperan las auroras boreales. También nos gustaría explorar la región de Tromsø, conocida como la «capital del Ártico», el Cabo Norte, el impresionante glaciar Jostedalsbreen y la famosa carretera del Atlántico, considerada una de las más espectaculares del mundo. Queríamos un equilibrio entre naturaleza y vida urbana, y lo encontramos alternando días de ciudad con jornadas de carretera.

    Mayo nos pareció el mes ideal: fuera de la temporada alta, con muchas horas de luz y, en nuestro caso, un clima inmejorable. Tuvimos tanta suerte que acabé con la marca de las gafas de sol en la cara.

    Este post es el resumen de un viaje inolvidable, donde cada kilómetro fue un descubrimiento y cada parada, un recordatorio de que en Noruega, el camino es tan espectacular como el destino.

    Itinerario: un equilibrio entre ciudad y naturaleza

    Nuestro viaje a Noruega fue un roadtrip diseñado para disfrutar tanto de la majestuosidad de la naturaleza como del encanto de sus principales ciudades. Trazamos una ruta circular que nos llevó desde Oslo hacia el oeste, explorando paisajes espectaculares, fiordos imponentes y destinos llenos de carácter como el pequeño pueblo de Flåm, además de Bergen y Stavanger.

    Resumen general de la ruta:

    Partimos desde Málaga con un vuelo directo a Oslo, donde comenzó nuestro viaje. Tras explorar la capital, recogimos nuestro coche de alquiler y nos dirigimos hacia el interior, atravesando montañas, cascadas y túneles hasta llegar a Flåm, donde hicimos algunas de las actividades más espectaculares. Desde allí, continuamos hacia Bergen, disfrutando de rutas panorámicas inolvidables. Luego nos dirigimos a Stavanger, donde la naturaleza se convirtió en la protagonista absoluta, antes de regresar a Oslo para cerrar el círculo.

    A lo largo de los 9 días de viaje, combinamos jornadas de exploración urbana con días en los que la carretera y el paisaje eran los auténticos protagonistas. La diversidad de escenarios, desde fiordos hasta montañas nevadas y ciudades llenas de historia, hizo que cada día fuera una nueva aventura.

    Día a día:

    Aquí detallaremos cada una de las jornadas de nuestro viaje, con sus paradas clave, experiencias y anécdotas inolvidables:

    Día 1: Llegada a Oslo y primer contacto con la ciudad.

    Nuestro viaje comenzó con un vuelo directo de Norwegian desde Málaga a Oslo, partiendo a las 11:20 y llegando a las 15:20. Optamos por alojarnos en el Radisson Blu Scandinavia Hotel, que cuenta con una oficina de Hertz en el mismo edificio. Esto nos permitió recoger el coche de alquiler directamente en el hotel al día siguiente, ahorrando un día de alquiler y los elevados costos de estacionamiento en Noruega, que oscilan entre 40 y 60 euros por noche.

    Para ir desde el Aeropuerto de Oslo-Gardermoen hasta el centro de la ciudad existe un tren express (Flytoget) y un tren regional llamado Vy. Ambos tardan prácticamente lo mismo pero el express cuesta el doble. La estación del aeropuerto está en la misma terminal y hay personal que te ayuda a comprar los billetes si tienes alguna duda.

    Nosotros utilizamos el regional Vy. Nos costó 110 NOK (unos 9,40€) por persona y tardamos 29 minutos hasta la estación Nationaltheatret que es una parada más de Oslo Central y es la que nos venía bien ya que de aquí a nuestro hotel solo había 5 minutos a pie.

    Tras realizar el check-in, decidimos explorar los alrededores del hotel. Visitamos el parque Slottsparken, un hermoso espacio verde que rodea el Palacio Real de Oslo, residencia oficial de la familia real noruega.  

    Desde allí, caminamos hasta el Ayuntamiento de Oslo. Lamentablemente, el edificio estaba en obras y se estaban preparando para las celebraciones del Día Nacional de Noruega, por lo que no pudimos acceder al salón donde se entrega anualmente el Premio Nobel de la Paz.  

    Continuamos nuestro paseo hacia la zona de Pipervika, ubicada detrás del Ayuntamiento, conocida por su vibrante ambiente portuario. Luego, nos dirigimos a la Ópera de Oslo, un impresionante edificio de mármol blanco que parece emerger del fiordo. Una de sus características más destacadas es la posibilidad de caminar por su techo inclinado, ofreciendo vistas panorámicas de la ciudad y el fiordo.  

    Después nos acercamos a la estación central en busca de un cajero automático para retirar algunas coronas noruegas, pensando que las necesitaríamos para ciertos pagos. Sin embargo, descubrimos que casi todo se puede pagar con tarjeta, por lo que apenas utilizamos el efectivo durante el viaje.

    Para cenar, nos dirigimos a Aker Brygge, una animada zona frente al mar con numerosas opciones gastronómicas. Elegimos “The Salmon”, un restaurante y centro educativo dedicado al salmón noruego, donde disfrutamos de una deliciosa cena mientras aprendíamos sobre la cría y preparación de este emblemático pescado.  

    Después de esta primera toma de contacto con Oslo, regresamos al hotel para descansar y prepararnos para el día siguiente.

    Día 2: Explorando Oslo

    Tras despertar con un amanecer precioso y un buen desayuno en el hotel, nos dirigimos al punto de encuentro de nuestro freetour con Nordic Freedom Tours, situado junto a la emblemática estatua del tigre en Jernbanetorget, frente a la estación central de Oslo. Esta estatua de bronce de 4,5 metros, inaugurada en el año 2000 para conmemorar el milenio de la ciudad, simboliza el apodo de Oslo como “Tigerstaden” o “Ciudad del Tigre”, una referencia que data de un poema de 1870 del escritor noruego Bjørnstjerne Bjørnson.  

    Durante el recorrido, visitamos varios puntos de interés:

    • Ópera de Oslo de la que ya hemos hablado.

    • Oslo Børsen: La bolsa de Oslo, situada en Tollbugata 2, es la principal bolsa de valores de Noruega y una de las más antiguas de Europa, operativa desde 1819.

    • Christiania Torv: Esta plaza histórica marca el centro de la antigua ciudad de Christiania, el nombre que recibió Oslo durante el dominio danés.

    • Fortaleza de Akershus: Aunque solo la vimos desde el exterior durante el tour, esta fortaleza medieval del siglo XIII ha sido una pieza clave en la defensa de la ciudad a lo largo de los siglos.

    • Aker Brygge: Una vibrante zona portuaria transformada en un moderno distrito comercial y de ocio, con tiendas, restaurantes y una animada vida nocturna.

    • Ayuntamiento de Oslo que ya visitamos por fuera el día anterior.

    • Teatro Nacional: Inaugurado en 1899, es uno de los teatros más importantes de Noruega y un centro clave para las artes escénicas en el país.

    • Puerta de Karl Johans: La principal avenida de Oslo, que conecta la estación central con el Palacio Real, flanqueada por tiendas, cafés y edificios históricos.

    • El Storting (Parlamento noruego): El edificio del parlamento, sede del poder legislativo de Noruega, es un símbolo de la democracia noruega.

    Tras el freetour, exploramos el mercado de flores en Stortorvet y visitamos la catedral de Oslo, cuya entrada es gratuita. Luego, nos dirigimos al moderno barrio de Barcode, conocido por su distintiva arquitectura contemporánea, y visitamos la biblioteca Deichman Bjørvika, una obra maestra arquitectónica que nos dejó impresionados.

    Posteriormente, recorrimos el interior de la fortaleza de Akershus, con una entrada de aproximadamente 9 € por persona, y disfrutamos de sus vistas al fiordo.

    Siguiendo la recomendación de nuestro guía, optamos por tomar un ferry público en lugar de los turísticos para explorar el fiordo de Oslo. Utilizando la aplicación Ruter, adquirimos billetes por unos 4 € por persona y realizamos un relajante recorrido por las islas cercanas, apreciando la serenidad de las aguas y la estratégica ubicación de la ciudad.

    Para nuestra comida-cena (eran las 17:00 aproximadamente), elegimos el Café Skansen, conocido por su cocina tradicional noruega.

    Más tarde, nos dirigimos al parque Vigeland, situado en el parque Frogner, al que llegamos combinando metro y autobús. Este parque es la obra magna del escultor Gustav Vigeland, con más de 200 esculturas de bronce, granito y hierro forjado que representan la condición humana en todas sus facetas.  

    Al finalizar el día, regresamos al hotel, donde disfrutamos de una bebida en su skybar con vistas panorámicas de la ciudad.

    Para acabar el día pedimos algo de cenar a la habitación y nos fuimos a descansar para el siguiente día que sería el primero de carretera.

    Día 3: De Oslo a Flåm – Naturaleza y Arte en el Camino

    Iniciamos el día recogiendo nuestro coche de alquiler, un Volvo XC90 que nos ofrecieron como mejora sobre el modelo inicialmente reservado, brindándonos un viaje con mayor comodidad.

    Tras el check-out en el hotel, nos dirigimos al Holmenkollen, el emblemático trampolín de esquí de Oslo. Este lugar ha sido sede de competiciones desde 1892 y alberga el Museo del Esquí, que presenta 4.000 años de historia de este deporte. Desde la torre de saltos, se obtiene una vista panorámica inigualable de la ciudad y sus alrededores.  

    Continuando nuestro viaje hacia Flåm, decidimos hacer una parada en el Kistefos-Museet, ubicado en Jevnaker. Este museo, situado en una antigua fábrica de pasta de papel, cuenta con un impresionante parque de esculturas y la galería “The Twist”, una estructura que funciona como puente, galería y escultura simultáneamente. Diseñada por el estudio de arquitectura BIG, “The Twist” ha sido reconocida como un destino cultural imprescindible.  

    En el trayecto, nos encontramos con la cascada de Hønefoss, que nos brindó nuestro primer encuentro con la imponente naturaleza noruega. Tras una breve parada para admirar la cascada, continuamos hacia el museo. Aunque la entrada al Kistefos-Museet tiene un costo, la experiencia valió la pena, y planeamos dedicar una entrada detallada en el blog para compartir más sobre esta visita.

    Después de un refrigerio en la cafetería del museo, retomamos nuestro camino hacia Flåm. A medida que nos adentrábamos en el interior del país, comenzamos a apreciar el civismo de los conductores noruegos y la excelente calidad de las carreteras, a pesar de la escasez de autovías. Nos sorprendió gratamente la abundancia de vehículos eléctricos; de hecho, Noruega lidera a nivel mundial en la adopción de coches eléctricos, con más del 54% de las ventas de automóviles nuevos en 2020 siendo eléctricos.

    Realizamos varias paradas fotográficas en el camino, destacando una en Gulsvik para capturar la serenidad del lago Krøderen, y otra en el lago Eldrevann, que aún estaba parcialmente congelado en mayo.

    Optamos por una ruta que nos llevó a través de Gol y luego hacia Lærdal, con la intención de recorrer la ruta escénica Aurlandsfjellet. Aunque esta ruta estaba cerrada debido a la nieve, tomamos la alternativa del túnel de Lærdal, el túnel de carretera más largo del mundo, con una longitud de 24,5 kilómetros.

    Antes de llegar al túnel, hicimos una parada en la cascada de Sjurhaugfossen, donde fuimos testigos de la impresionante fuerza del agua. Tras atravesar el túnel, nos desviamos hacia el mirador de Stegastein, una plataforma que se extiende 30 metros sobre el fiordo Aurlandsfjord, ofreciendo vistas panorámicas que quitan el aliento.

    Finalmente, llegamos a Flåm y nos registramos en el Fretheim Hotel, un establecimiento histórico que data del siglo XIX, conocido por su encanto y proximidad al fiordo.  Después de una breve visita a un minimercado local para abastecernos de provisiones, nos retiramos a descansar, anticipando las aventuras que nos esperaban al día siguiente.

    Día 4: Aventuras en Flåm entre fiordos, trenes y tirolinas

    Tras desayunar en el Fretheim Hotel, comenzamos el día explorando el pintoresco pueblo de Flåm, situado al final del Aurlandsfjord, un brazo del majestuoso Sognefjord. A pesar de su reducido tamaño, Flåm es un importante destino turístico gracias a su espectacular entorno natural y la relevancia histórica de su ferrocarril.

    Nuestra principal actividad fue el recorrido en el famoso Flåmsbana, considerado uno de los trayectos en tren más impresionantes del mundo. Esta línea conecta la estación de Myrdal, en la ruta Oslo-Bergen, con Flåm, descendiendo desde 867 metros sobre el nivel del mar hasta el fiordo en un recorrido de 20 km. Construido entre 1923 y 1940, el Flåmsbana es una obra maestra de la ingeniería noruega, atravesando montañas, túneles y ofreciendo vistas panorámicas de cascadas y valles.

    El tren hace una parada en la cascada de Kjosfossen en la que te puedes bajar del tren y hacer unas fotos. Incluso hacen un pequeño espectáculo con música y una bailarina. Esto me pareció bastante «turistada» pero en cierto sentido el Flamsbana es una de las atracciones turísticas más importantes de Noruega.

    Nosotros nos bajamos una parada antes de llegar a Myrdal, en la estación de Vatnahalsen ya que a solo 5 minutos a pié de ahí comienzanos la Flam Zipline, la tirolina más larga de Escandinavia.

    Aunque puedes subir y bajar en el propio tren, a nosotros nos gustan bastante las tirolinas y esta probablemente no íbamos a volver a tener oportunidad de probarla.

    La tirolina es espectacular y muy recomendable. Pudimos tirarnos los dos a la vez ya que tiene dos cables y eso si, al llegar abajo tienes que coger una bicicleta y volver haciendo una ruta de 18km hasta Flam, que fue lo que hicimos. También está la opción de caminar unos 3km hasta la estación de Blomheller donde puedes volver a coger el tren.

    Nosotros escogimos la bici y descendimos a través de un paisaje salpicado de cascadas, montañas y el encantador entorno rural noruego, pasando por la iglesia y el colegio del pueblo.

    Esta fue una de las actividades más caras que hicimos en Noruega, con un coste para dos personas de 287€, lo que incluía los dos tickets del Flamsbana desde Flam hasta Vatnahalsen, la tirolina y el alquiler de las dos bicicletas. Se puede comprar ya en formato paquete en la web Norway’s Best.

    Tienes que elegir una hora para el tren y una franja de horas para la tirolina. Nosotros la escogimos relativamente cercanas, con unos quince minutos desde la llegada a Vatnahalsen hasta que empezaba nuestro slot en la tirolina. Pero puedes dejar más tiempo. Incluso si quieres, puedes comprar el tren hasta Myrdal (donde la vía se cruza con el ferrocarril Oslo-Bergen) y bajar andando desde esta ya que solo hay 1,5km o 15 minutos a pie.

    Aprovechamos la bicicleta para explorar la zona portuaria de Flåm hasta llegar lo más lejos posible a orillas del fiordo, disfrutando de la serenidad del paisaje. Después de devolver las bicicletas, nos tomamos una merecida hamburguesa para reponer energías y visitamos el museo del ferrocarril que estaba junto al hotel.

    Más tarde, descansamos un poco en el hotel antes de salir a cenar en Ægir BryggeriPub, una cervecería artesanal inspirada en la mitología nórdica. Aunque tuvimos que esperar casi una hora para cenar, aprovechamos para disfrutar de algunas cervezas locales en un ambiente acogedor y auténtico.

    La cena fue excelente y, tras un día lleno de actividades, nos retiramos al hotel para descansar. Flåm y el Flåmsbana merecen sin duda un post aparte para profundizar en su historia y su relevancia en la región.

    Día 5: De Flåm a Bergen a través de cascadas y rutas escénicas

    Tras un desayuno en el hotel, nos dirigimos a Flåm Bakeri, una pastelería local, para adquirir provisiones para el camino. Partimos de Flåm atravesando varios túneles de considerable longitud, como el túnel Gudvanga y el túnel de Stalheim.

    Nuestra primera parada fue en Tvindefossen, una majestuosa cascada que nos dejó sin aliento. Continuamos hacia Voss y nos desviamos para visitar Skjervsfossen, otra impresionante cascada que, además de su belleza natural, cuenta con instalaciones públicas destacables, reflejando el alto nivel de civismo en Noruega.

    Hay que hablar si o sí del baño.

    Al llegar a Granvin, iniciamos la ruta escénica de Hardanger, que solo pudimos recorrer parcialmente ya que es super larga. Esta carretera, aunque con tramos angostos, ofrece vistas espectaculares al fiordo. Hicimos una parada en el mirador Steinstøberget Rasteplass para apreciar el paisaje.

    Continuamos nuestro trayecto atravesando Øystese, un lugar que nos llamó la atención por su balneario, aunque no nos detuvimos. Nuestra siguiente parada fue en Steinsdalsfossen, una cascada de 50 metros de altura que se ha convertido en una popular atracción turística. Lo que la hace especial es la posibilidad de caminar por un sendero que pasa detrás de la cascada, ofreciendo una perspectiva única.  

    Después de disfrutar de un café y nuestros bocadillos, continuamos por una carretera serpenteante hasta llegar a Mørkhølsfossen, una cascada menos conocida pero igualmente encantadora.

    Nuestra siguiente parada fue en Hjelle Bakeri Trengereid, una encantadora cafetería donde disfrutamos de un helado, una delicia típica en Noruega. Desde allí, nos incorporamos a la carretera E16, que ofrece vistas impresionantes del Sørfjorden, con montañas que se sumergen en sus aguas.

    Finalmente, llegamos a Bergen y nos alojamos en el Radisson Blu Royal Bergen, situado en el histórico barrio de Bryggen. Este distrito, fundado alrededor del año 1070, es el más antiguo de Bergen y fue establecido originalmente como un centro de comercio para el stockfish, un tipo de pescado seco.  

    Tras el check-in, alrededor de las 18:00, decidimos dar un paseo por Bergen para familiarizarnos con la ciudad. Exploramos las inmediaciones y el área de Bryggen, que en 1360 se convirtió en una oficina de importación y exportación de la Liga Hanseática alemana, dominando el comercio durante casi 400 años.  

    Observamos que Bergen tenía una afluencia turística más notable que Oslo y Flåm, lo que se reflejaba en un ambiente más bullicioso. Cenamos en el restaurante del hotel y nos retiramos a descansar, anticipando el free tour programado para el día siguiente.

    Día 6: Explorando Bergen

    Comenzamos nuestra jornada con un desayuno en el hotel, preparándonos para un día lleno de historia y cultura en Bergen. Nuestra primera parada fue la Fortaleza de Bergenhus, una de las fortalezas más antiguas y mejor conservadas de Noruega, situada estratégicamente en la entrada del puerto de Vågen. Este complejo histórico, cuya construcción se inició a principios del siglo XVI, ofrece una visión fascinante del pasado medieval de la ciudad.  

    Dentro de la fortaleza, nos impresionó especialmente la Håkonshallen (Sala de Håkon), un majestuoso salón construido entre 1247 y 1261 por el rey Håkon Håkonsson como residencia real y salón de banquetes. Este imponente edificio de piedra ha sido testigo de importantes eventos históricos, incluyendo la boda y coronación del hijo del rey, Magnus Håkonsson, con la princesa danesa Ingeborg en 1261, donde se recibieron a 2000 invitados.  

    Tras explorar la fortaleza y sus alrededores, nos dirigimos a la zona de Lille Lungegårdsvannet, un pintoresco lago en el corazón de Bergen, ideal para un paseo relajante. Aprovechamos para acercarnos al punto de inicio de nuestro freetour, programado para las 12:30 en el pabellón de música del Byparken.

    Nuestra guía, María, nos ofreció una visita muy completa, brindándonos no solo información sobre la historia de Bergen, sino también perspectivas sobre la vida cotidiana en Noruega, incluyendo detalles sobre servicios públicos, costos de vida y experiencias de los extranjeros en el país. Durante el recorrido, visitamos varios puntos de interés:

    • Festplassen: una amplia plaza que sirve como espacio para eventos y celebraciones en la ciudad.

    • Estatua de Edvard Grieg: un homenaje al famoso compositor noruego, ubicada cerca del Teatro Nacional.

    • Den Nationale Scene: el Teatro Nacional de Bergen, un destacado centro cultural.

    • Nordnes: un encantador barrio conocido por sus estrechas calles y casas de madera tradicionales.

    • Mercado de pescado de Bergen: un vibrante mercado donde se pueden degustar productos frescos del mar.

    • Bryggen: el icónico muelle hanseático de Bergen, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

    • Iglesia de Santa María: la iglesia más antigua de Bergen, que data del siglo XII.

    Después del freetour, habíamos reservado una mesa en el restaurante Bryggeloftet & Stuene, ubicado en el histórico Bryggen. Allí, disfrutamos de una deliciosa comida que incluyó especialidades locales.

    Con energías renovadas, nos dirigimos al funicular para ascender al Monte Fløyen, uno de los siete montes que rodean Bergen. Desde la cima, las vistas panorámicas de la ciudad y el fiordo son simplemente espectaculares. Además, tuvimos la oportunidad de interactuar con las famosas cabras que residen en el parque y explorar los senderos que serpentean por el área.

    Al descender, alquilamos bicicletas públicas y nos dirigimos al Nordnesparken, un tranquilo parque en la península de Nordnes. Allí, observamos a los locales disfrutando del buen tiempo, muchos de ellos bañándose en el fiordo y realizando pequeñas barbacoas, una práctica común en Noruega durante los días soleados.

    De regreso al centro, hicimos una parada en el mercado de pescado para comprar huevas como obsequio para nuestros familiares. Para culminar el día, cenamos en Bryggen Tracteursted, un restaurante ubicado en el Bryggen que nos había llamado la atención anteriormente. Esta fue, sin duda, la comida más especial (y cara) del viaje, donde tuvimos la oportunidad de probar carne de ballena por primera vez. La velada se enriqueció con una amena conversación con la dueña, una noruega que había vivido muchos años en España.

    Tras la cena y un último paseo por el Bryggen iluminado, regresamos al hotel para descansar, reflexionando sobre las experiencias y aprendizajes de este día en Bergen.

    Día 7: De Bergen a Stavanger – Entre Fiordos y Ferris

    Tras desayunar, emprendimos nuestro viaje desde Bergen hacia Stavanger, una ruta que nos permitió experimentar de primera mano la eficiencia del sistema de ferris noruego. Estos ferris funcion an como una extensión natural de la carretera, integrándose perfectamente en la infraestructura vial del país.

    Nuestra primera travesía fue desde Halhjem hasta Sandvikvåg, seguida más adelante por el trayecto entre Arsvågen y Mortavika. Estos ferris operan de manera continua, permitiendo un flujo vehicular sin interrupciones significativas. El pago se gestiona de forma automática, similar a un peaje, lo que agiliza el proceso y reduce tiempos de espera.

    Además de los ferris, la ruta incluyó varios túneles submarinos y puentes impresionantes que conectan las numerosas islas y fiordos de la región. Noruega está invirtiendo significativamente en mejorar la conectividad a lo largo de la autopista E39, que se extiende desde Trondheim en el norte hasta Kristiansand en el sur. Parte de este proyecto incluye la construcción del túnel Rogfast, que, una vez completado, será el túnel submarino más largo y profundo del mundo, con una longitud de 26,5 kilómetros y una profundidad de hasta 400 metros. Este túnel reemplazará la necesidad del ferry entre Arsvågen y Mortavika, reduciendo considerablemente los tiempos de viaje en la región. 

    Al llegar a Stavanger, nos alojamos en el Scandic Royal Stavanger. Aprovechamos la tarde para explorar la ciudad, comenzando por el pintoresco barrio de Gamle Stavanger, conocido por sus casas de madera bien conservadas y calles adoquinadas. Luego, nos dirigimos al puerto y paseamos por la vibrante calle Øvre Holmegate, famosa por sus fachadas coloridas y ambiente artístico donde pudimos comer una hamburguesa en el Valhalla Bar. También visitamos la torre Valberg, que ofrece vistas panorámicas de la ciudad, y disfrutamos de un helado mientras contemplábamos el paisaje.

    Posteriormente, nos acercamos a la catedral de Stavanger y dimos un paseo por el Byparken, un espacio verde en el corazón de la ciudad. Conscientes de que al día siguiente nos esperaba la caminata al Preikestolen, regresamos al hotel temprano para descansar y prepararnos para la aventura que nos aguardaba.

    Día 8: El Preikestolen y el Día Nacional de Noruega

    Nos despertamos bien temprano, a las 6:00, siguiendo las recomendaciones de empezar la ruta del Preikestolen cuanto antes para evitar las aglomeraciones, ya que ese día era el Día Nacional de Noruega, festivo en todo el país. A las 7:40 ya estábamos en el Basecamp, prácticamente solos, salvo por algunos pequeños grupos de turistas japoneses. Fue un acierto madrugar, porque nos habían advertido que la ruta podía masificarse mucho, especialmente en una fecha tan señalada.

    Iniciamos la caminata en un ambiente de calma total. Había gente, claro, pero nada en comparación con lo que nos encontraríamos más tarde al bajar. La subida fue una auténtica gozada: la naturaleza noruega en su máxima expresión y sin agobios. Al llegar a la cima, tuvimos la suerte de poder disfrutar del Preikestolen casi en soledad, lo que nos permitió sacar fotos tranquilamente y absorber la magnitud del lugar sin distracciones. Además, subimos un poco más arriba del propio Preikestolen para obtener una perspectiva aún más espectacular y capturar algunas imágenes desde las alturas.

    La ruta en sí es maravillosa. Aunque es bastante accesible para personas con un mínimo de forma física, vimos a varios excursionistas pasándolo mal en algunos tramos con mucho desnivel acumulado. Para alguien deportista, no es particularmente difícil, pero hay que estar preparado. Lo que realmente nos impresionó fue la gestión del entorno: al regresar al Basecamp, nos encontramos con grupos de voluntarios subiendo y bajando constantemente para recoger cualquier residuo que pudieran encontrar. Aunque al subir no vimos basura, al bajar ya había algún desperdicio suelto, inevitable con el aumento del turismo. Aun así, la ruta estaba increíblemente limpia. También destacamos los baños del Basecamp, que eran mixtos, inmaculados y un ejemplo del cuidado que los noruegos tienen por estos espacios públicos.

    Tras la caminata, comimos algo en el Basecamp y exploramos un poco la zona antes de regresar a Stavanger. Sabíamos que cortarían la calle de nuestro hotel por el desfile del Día Nacional, así que aprovechamos para visitar algunos puntos de interés en los alrededores. Primero fuimos a Sverd i fjell, un monumento formado por tres enormes espadas clavadas en la roca junto al fiordo, símbolo de paz y unidad. Nos sorprendió el ambiente relajado y nos dieron ganas de bañarnos en la playa, aunque finalmente lo dejamos para otra ocasión. Después nos dirigimos a Brutt lenke, un monumento memorial que recuerda a las víctimas del accidente de la la plataforma petrolífera Alexander L. Kielland en 1980. El sitio la verdad es que tiene un áurea muy especial.

    Stavanger está especialmente vinculada a la industria petrolera Noruega ya que es la sede de Equinor, la principal empresa petrolera estatal.

    Al volver al hotel, pudimos ver el desfile del Día Nacional desde la ventana de nuestra habitación. Fue un momento muy emocionante ver a toda la sociedad civil participando con tanto orgullo y unión, algo que nos impactó porque es difícil de ver en otros países, como España.

    Tras descansar un poco y ducharnos, decidimos celebrar el día por todo lo alto. Salimos a cenar al restaurante Fish & Cow que, como la mayoría de restaurantes ese día, ofrecía menú cerrado por la festividad. Disfrutamos de una cena espectacular, y para rematar, nos fuimos a tomar unos cócteles a Pjolter & Punsj, una coctelería super cool con un ambiente vibrante. Después de un día tan intenso y especial, regresamos al hotel con el corazón lleno de emociones y la memoria repleta de imágenes inolvidables.

    Día 9: De Stavanger a Oslo – El regreso con sabor a despedida

    El último día de nuestro viaje amaneció con una mezcla de sensaciones. La nostalgia ya se hacía presente mientras nos preparábamos para una de las jornadas más largas en carretera. Sabíamos que el viaje llegaba a su fin, y aunque aún nos esperaban paisajes espectaculares, había un matiz de tristeza por tener que despedirnos de Noruega.

    Iniciamos la ruta desde Stavanger, recorriendo una gran parte del trayecto por autovía, especialmente en el tramo entre Kristiansand y Oslo. Curiosamente, este fue el día en el que más kilómetros de autovía hicimos durante todo el viaje. Kristiansand era una ciudad que habíamos considerado visitar, pero finalmente la dejamos pendiente para una futura aventura. Aun así, el recorrido no decepcionó: incluso desde la autovía, el paisaje noruego seguía ofreciéndonos su mejor versión, con verdes colinas, bosques infinitos y destellos de fiordos que se asomaban entre curvas.

    Optamos por no hacer demasiadas paradas para poder llegar a Oslo con tiempo suficiente para visitar la península de Bygdøy, uno de los últimos puntos de nuestro itinerario. Hicimos una breve pausa para almorzar en un McDonald’s en Rugtvedt, una parada funcional que nos permitió continuar rápidamente.

    Una vez en Oslo, nos dirigimos directamente a Bygdøy, una península famosa por concentrar algunos de los museos más importantes de Noruega. Entre ellos destacan el Museo del Pueblo Noruego (Norsk Folkemuseum), un museo al aire libre que muestra la vida y arquitectura tradicionales del país, con casas históricas, una impresionante iglesia de madera y exposiciones sobre la cultura noruega a lo largo de los siglos. Sin embargo, debido al poco tiempo que teníamos, decidimos no entrar, ya que este museo requiere varias horas para disfrutarlo plenamente.

    Otro de los museos destacados de Bygdøy es el Museo de Barcos Vikingos, que lamentablemente está cerrado por reformas hasta 2027. Nos quedamos con la curiosidad de lo que será cuando reabra, ya que promete convertirse en un espacio espectacular, con una museografía completamente renovada que mostrará de manera inmersiva la historia de los vikingos.

    Aprovechamos para dar un último paseo por la zona de playas de Huk, donde había un gran número de personas aprovechando el buen tiempo. Es curiosa la forma tan distinta que tienen los noruegos de disfrutar de la playa.

    Finalmente, nos dirigimos al aeropuerto, donde devolvimos el coche de alquiler que había sido nuestro fiel compañero de ruta durante estos días. Nos alojamos en el Radisson Blu Airport Oslo, el hotel ideal para descansar antes de un vuelo temprano. Cenamos en el restaurante del hotel, repasando mentalmente cada momento del viaje, cada paisaje, cada descubrimiento… y con esa mezcla de satisfacción y melancolía, nos fuimos a dormir, ya que nuestro vuelo de regreso a Málaga salía a las 6:30 de la mañana.

    Un viaje inolvidable llegaba a su fin, pero Noruega ya había dejado una huella imborrable en nuestra memoria.

    Este itinerario no solo fue una ruta trazada en el mapa, sino un recorrido lleno de momentos que nos acompañarán para siempre. Un viaje en el que cada kilómetro recorrido y cada parada realizada nos permitió descubrir la esencia de Noruega, combinando naturaleza, cultura e historias inolvidables.